sábado, 17 de junio de 2017

Una noche en el Sepulcro

Imagen relacionadaQuedan pocas fechas para la Semana Santa y los cristianos de Jerusalén, y del resto del mundo, están de enhorabuena. El sepulcro en el que Cristo fue enterrado hace 2000 años luce, por fin, un aspecto renovado. El andamiaje que sostenía el edículo, desde el terremoto de 1927, ha desaparecido y el rosado y beige originales de las paredes, ennegrecidos durante décadas por las velas de los peregrinos, lucen como el primer día. 

Católicos, ortodoxos y armenios se han puesto de acuerdo, por una vez, para devolver la dignidad que merece el lugar más importante del cristianismo. Una colaboración atípica que deja atrás peleas bochornosas como la de 2008, protagonizada por armenios y greco-ortodoxos durante una procesión, o la curiosa escalera de madera, que descansa desde el siglo XIX en el alféizar de una ventana sin que pueda ser movida hasta que todas las confesiones se pongan de acuerdo. 

Si hay un lugar para los cristianos único en el mundo, ese es el Santo Sepulcro. Un imán para peregrinos de los lugares más remotos y un caramelo por el que se han peleado casi todos los pueblos de la tierra. Se podría decir, por tanto, que Tierra Santa es especial, que Jerusalén lo es más, si cabe, pero que el lugar en el que Cristo resucitó no tiene comparación. En el año 2015, tuve la suerte de pasar, junto a un puñado de peregrinos, una noche encerrado en la Iglesia de la Resurrección. Esta fue mi experiencia: 

Son las siete y veinte de la tarde en Jerusalén. El sol ha caído cuando un muecín llama a la oración. Un grupo de chicas españolas corre por las callejuelas del barrio cristiano, mientras los tenderos recogen sus bártulos. Apenas restan diez minutos para que la familia musulmana encargada desde hace siglos de echar el cierre a la Iglesia del Santo Sepulcro haga lo propio un día más. Saltando de escalón en escalón, las jóvenes se impacientan por llegar a tiempo a la basílica. El grupo espera pasar la noche en el lugar más sagrado del cristianismo y vivir de cerca la espiritualidad que este irradia.

En la explanada que hay frente al templo, un puñado de peregrinos se prepara para contemplar la ceremonia de clausura. En el interior, los representantes de las distintas confesiones encargadas de la basílica esperan a que el reloj marque las siete y media. Seis de las jóvenes llegan a tiempo y consiguen entrar. Sin embargo, el grupo no está completo. Tres integrantes se han retrasado lo suficiente como para quedarse fuera. El musulmán se dispone a iniciar la peculiar liturgia cuando un ortodoxo despistado grita para que no cierren todavía. A un lado, en la calle, la Policía israelí acompaña los flashes de los curiosos allí congregados. Al otro, un grupo reducido de peregrinos espera junto a una miscelánea de monjes, sacerdotes y seminaristas ataviados con vestimentas de lo más variopintas.

El carcelero musulmán se sube a una escalera de madera y echa el cerrojo. De allí nadie podrá salir, ni entrar, hasta que sean las cuatro y media de la mañana del día siguiente. Da la vuelta a la llave e introduce por una pequeña ventana que se abre en la puerta principal la escalera en la que estaba subido. En el interior, un franciscano recoge el testigo y la coloca a modo de tranca. El templo queda clausurado. Armenios y ortodoxos vuelven a sus espacios reservados dentro de la basílica. El representante católico, un fraile franciscano, se acerca a los peregrinos y les comenta las estrictas normas que deben seguir. Las jóvenes levantan su "campamento", de bolsas con bocatas y termos de café, en unos bancos apilados junto a la capilla de la Custodia.

Han pasado veinte minutos desde el cierre del templo y, por sorpresa, aparece el musulmán que poco antes había protagonizado la ceremonia de clausura. Pregunta por el encargado franciscano, pero nadie sabe dónde está. Un minuto después, un armenio de barba blanca y sotana negra trae consigo a las tres jóvenes que no habían conseguido entrar. Están emocionadas y comentan al resto la aventura que han vivido para llegar hasta allí, atravesando pasillos secretos y escaleras de emergencia. Por fin, el grupo vuelve a estar completo. Ha transcurrido una hora y el hambre empieza a hacerse notar. Una peregrina saca un bocadillo y el resto sigue su ejemplo. Comen sentadas sobre un escalón, con el debido respeto al lugar en el que se encuentran. Una mujer alemana reparte café. En esta improvisada cena, a escasos metros del Santo Sepulcro, los peregrinos se sumergen en profundas conversaciones sobre la vida de Jesús.

Cuando termina el refrigerio, el grupo se dispersa por las diferentes estancias de la basílica. Algunos aprovechan para rezar sobre la losa en la que fue depositado el cuerpo de Cristo, y otros suben al Calvario para rememorar La Pasión del Señor. A las once menos cinco, una procesión de monjes ortodoxos, armados con incensarios de todos los tamaños, recorre el templo de arriba a abajo. Los peregrinos se tienen que ir cambiando de sitio, si no quieren ser arrollados por la fuerza de unos barbudos que no están dispuestos a que nadie estropee un ritual con demasiados siglos de historia. De la capilla de los franciscanos sale un fraile y deja las puertas abiertas para que el oriental inciense el pilar de La Flagelación que custodian los católicos. Al salir de la capilla, el monje balancea el artilugio ante el franciscano en señal de respeto.

Son las once en punto de la noche y el edículo queda cerrado hasta el día siguiente. Frente al lugar exacto de la tumba de Cristo, los ortodoxos inician una liturgia en la que cantan monodias un tanto repetitivas. A partir de ese momento, queda prohibido cruzar por delante bajo pena de llevarse el grito de un monje con coleta. Al mismo tiempo, en la parte alta del templo, en un lugar al que no tiene acceso el visitante, otro grupo de monjes arranca una ceremonia en la que entonan cánticos durante cerca de dos horas. Para que todo se complique un poco más, en la capilla de los franciscanos, los católicos inician, con las puertas abiertas, el rezo de vísperas. Se produce, entonces, un duelo sagrado de melodías orientales y latinas que transportan al espectador a un increíble espectáculo de belleza.

A la una de la mañana, en la capilla del Calvario, un monje ortodoxo da matillazos a una madera que hace las veces de despertador. Tres de las peregrinas se encuentran en la capilla de la Invención de la Cruz, el punto más profundo de la basílica y donde según la tradición se descubrió la cruz de Cristo. Una de las jóvenes inicia en voz alta la lectura de La Pasión. Cada versículo retumba en las paredes con una solemnidad verdaderamente conmovedora. A esa hora, el Calvario está tranquilo. Una joven genuflexa medita con el crepitar de las velas como banda sonora. Bajo el monte en el que se crucificó a Jesús, un muro acristalado muestra cómo se rasgó la tierra después de su muerte. La roca, que todavía hoy sorprende a los científicos, tiene una línea de rotura que va de arriba abajo, algo que descartaría un origen sísmico.

La noche avanza lentamente, ya solo queda una hora para que las puertas de la basílica se vuelvan a abrir. El sueño hace mella en los peregrinos y algunos aprovechan para echar una cabezada sobre unos bancos. A las cuatro de la mañana, los armenios toman el control del Santo Sepulcro e inician sus rezos. Uno de ellos, que resulta ser el que consiguió que las chicas pudieran acceder al templo, invita al grupo de católicos a participar de su liturgia. Los cánticos, que derrochan una energía sorprendente para la hora que es, se intercalan con rezos ininteligibles. Las agujas del reloj marcan las cuatro y media de la mañana. El templo vuelve a abrir sus puertas y los peregrinos se despiden. Están cansados, pero contentos de haber tenido la suerte de pasar la noche en el mismo lugar en el que Cristo murió y resucitó.

Juan Cadarso

sábado, 10 de junio de 2017

La línea del tiempo de Saxum

La línea del tiempo de Saxum recoge los principales hechos de la Historia de Salvación situando al espectador espacio-temporalmente en el Antiguo y Nuevo Testamento.

Los paneles que forman la línea del tiempo interrelacionan los sucesos principales del pueblo elegido con los más importantes acontecimientos históricos. Además, aparecen las principales profecías relacionadas con la vida del Señor y su correspondencia con un lugar concreto y con una cita del Nuevo Testamento.

La línea abarca los años antes de Abraham hasta el nacimiento del Redentor, destacando especialmente el período posterior a Moisés. De esta manera, el visitante puede crear un diálogo narrativo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

El mapa que cubre toda la primera planta del Saxum Visitor Center completa la experiencia. 

Sobre el suelo de piedra de Jerusalén, un gran mapa grabado abarca desde el delta del Nilo, hasta el desierto del este, y desde Tiro en el norte hasta el sur de la Península Arábiga. 

Sobre ese mapa se superponen las rutas y lugares de dos grandes patriarcas de Israel (Abraham, Moisés), y de Jesucristo.

Con la combinación de la línea del tiempo y el mapa de piedra que se encuentra en Saxum, el visitante puede fácilmente situar los lugares donde anduvo Jesucristo y relacionarlos con los pasajes proféticos o hechos recogidos en el Antiguo y Nuevo Testamento.

sábado, 3 de junio de 2017

El pozo de Sicar, donde estuvo Jesús

«Tenía que pasar por Samaria. Llegó, pues, a una ciudad de Samaria, llamada Sicar, junto al campo que dio Jacob a su hijo José. Estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: Dame de beber. Sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos» (Jn 4, 4-8).

El pozo de Sicar está en el interior de una iglesia ortodoxa rusa de grandes proporciones, a la entrada de Nablus. Poco antes de llegar al pueblo se alcanza a ver ese templo desde la carretera. Está cerca del campo de refugiados de Balata. Entrando en la iglesia, al fondo, se desciende por unas escaleras. El pozo está en un nivel más bajo de tierra: hay que tener en cuenta que el lugar se ha ido rellenando con el paso de los siglos. También la altura del suelo ha subido a causa de los despojos que han ido dejando las sucesivas guerras. 

La iglesia actual fue edificada sobre otras más antiguas que había en el lugar. En los primeros siglos se construyó una iglesia bizantina. En la época cruzada se levantó otra. La actual es de 1907. La donó Rusia, pero tuvieron que detenerse los trabajos de construcción en 1917 a causa de la Revolución Bolchevique. La iglesia pudo ser completada recientemente, en 1998. 

«Entonces le dijo la mujer samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? Pues no se tratan los judíos con los samaritanos» (Jn 4, 9). En efecto, durante muchos siglos las relaciones entre judíos y samaritanos han sido muy distantes. En el año 926 a. C., las tribus del norte se rebelaron contra el Rey Roboam, hijo de Salomón. De aquí surgieron dos reinos: el del norte, con su capital en Siquem, y el de Judá en el sur, con su capital en Jerusalén. En el año 875 a. C. el rey de Israel, Omrí, traslada la capital a la ciudad de Samaria. En el año 722 a. C., los asirios conquistaron las diez tribus del reino de Israel. El pueblo original fue al exilio y fue reemplazado por foráneos, a quienes se les dio cierta instrucción religiosa similar a la judía. Aunque el pueblo samaritano —procedente de esta mezcla— reconocía la Torá, fue despreciado por el pueblo judío. 

En los siglos V y VI, bajo los bizantinos, los samaritanos eran más de trescientos mil. El bajón dramático hasta la actualidad —de unos pocos centenares— se debe en parte a la matanza de más de cincuenta mil en la rebelión del año 529 contra Justiniano. 

Actualmente los samaritanos en Tierra Santa apenas superan el número de seiscientos. Fueron expulsados del judaísmo por Esdras y Nehemías en el siglo V a. C. Desde entonces no han reconocido el Templo de Jerusalén, y han establecido su santuario en el monte Garizín. Este es para ellos el lugar más sagrado de la tierra. Solo aceptan a Moisés como único profeta y no admiten la tradición oral del Talmud. Tampoco reconocen como sagrados los libros de los Profetas. Se guían exclusivamente por los cinco libros de la Torá o Pentateuco. Utilizan un código llamado Hillukh que trata de aplicar la Torá a la vida social. Sus costumbres se mantienen judías. Conservan, por ejemplo, el rito de la Purificación de los pecados por medio de las cenizas de una vaca roja. Este rito lo abandonó el judaísmo con la destrucción del Templo, hace dos mil años. También el día de la Pascua ofrecen en sacrificio muchos corderos a la vez. Pueden sacrificar unos treinta a la vista del pueblo. Es el único lugar del mundo donde se sacrifican corderos según la antigua tradición judía.

Debido a la reducida población de que disponen, a su endogamia, y a la negativa que muestran para aceptar conversos, los samaritanos han tenido problemas de enfermedades genéticas. Solo en tiempos recientes han aceptado que los hombres de la comunidad se casen con mujeres no samaritanas. 

Los que viven en el monte Garizín tienen el árabe como primer idioma y el hebreo moderno como segundo. En cambio, la mayoría de los de la otra comunidad, la de Holón —especialmente las generaciones jóvenes—, conservan el hebreo como su lengua materna, aunque también entienden árabe. 

El pozo de Sicar es, sin duda, un lugar Santo para los cristianos. Se puede decir que se trata, con toda seguridad, de uno de los pocos sitios que Jesús tocó y que siguen en pie: «Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo».

Huellas de Jesús. El Evangelio desde Tierra Santa
Santiago Quemada

sábado, 27 de mayo de 2017

La cueva de Sedecías: sus lágrimas por Jerusalén.

Imagen relacionadaEn la parte más baja y profunda de la cueva hay un pequeño manantial que brota del techo conocido como las “Lágrimas de Sedecías”. Sedecías fue el último rey bíblico de Jerusalén y según todos los datos de que se dispone, fue puesto en el trono por los Babilonios. Durante su reinado, los Babilonios invadieron y conquistaron Jerusalén, desterrando a todos los Judíos.

Se cree que Sedecías intentó huir de Jerusalén a Jericó por esta cueva sin éxito, siendo capturado y llevado ante el rey babilónico Nabucodonosor. Los hijos de Sedecías fueron asesinados ante él y a continuación le sacaron los ojos. De este modo, el manantial representa sus lágrimas, pero no por la muerte de sus hijos, sino por la caída de Jerusalén.

Los Francmasones creen que Salomón fue el primero y más grande de los masones, y que sus orígenes proceden de los obreros que construyeron el templo de Salomón en Jerusalén. Por lo tanto, consideran la Cueva de Sedecías un lugar muy apropiado en el que celebrar sus ceremonias secretas. En 1868 tuvo lugar en ella la primera tenida masónica de la Palestina otomana a la tenue luz de las velas. A día de hoy, se celebra una ceremonia anual en la cueva, en la cámara que hace las veces de auditorio.

Aunque han pasado más de 150 años desde su descubrimiento, gran parte de la historia de la cueva sigue envuelta en el misterio. No obstante, hay consenso en un punto: esta estructura artificial, realizada por la mano del hombre, proporcionó a los constructores de Jerusalén una excelente cantera para las piedras empleadas en la construcción de los principales edificios públicos de la ciudad. La cueva está situada muy cerca del Monte del Templo, por lo que se podrían haber transportado piedras de gran tamaño al lugar en el que el Templo estaba siendo construido. Más aún, se sabe por el Primer Libro de los Reyes que estaba prohibido emplear cualquier tipo de herramientas de hierro en las obras realizadas en el futuro emplazamiento del Templo.

La Cueva de Sedecías podría haber sido el lugar perfecto en el que extraer y tallar las piedras destinadas el Templo, ya que cumplía a la perfección con estos requisitos. Asimismo hay quien cree que el tipo de piedra presente en la cueva es idéntico al de las piedras que aún se conservan del Templo de Salomón.

Otra leyenda afirma que cuando los romanos sitiaron Jerusalén, los sacerdotes ocultaron materiales e instrumentos del templo en lo más profundo y recóndito de la cueva de Sedecías. De ser cierto, aún quedan muchos tesoros por descubrir.

Bryan Hill

sábado, 20 de mayo de 2017

La cueva de Sedecías: la gruta secreta de Jerusalén

Durante más de 300 años, la Cueva de Sedecías fue considerada tan sólo una leyenda, una más de las muchas historias nacidas en Jerusalén. Sin embargo, esto cambió un día de invierno de 1854, en el que el misionero norteamericano James Turner Barclay paseaba a su perro junto a su hijo por las afueras de la ciudad. De repente, el perro, en su afán de seguir el rastro de un zorro, se puso a escarbar junto a la muralla de la Ciudad Vieja y desapareció por una abertura en la tierra. Barclay llamó al animal, silbándole, pero no obtuvo respuesta alguna. Su hijo siguió buscando al pie de la pared de roca, y encontró por casualidad un profunda oquedad creada por el flujo del agua de las recientes lluvias. Al asomarse, oyó los ladridos de su perro surgiendo de las profundidades de la tierra. Al día siguiente, Barclay y su hijo regresaron al lugar y se deslizaron por la abertura descubriendo una vieja cueva artificial olvidada con el paso del tiempo. La cueva, que se remontaba a miles de años atrás, había sido utilizada originalmente como cantera. Hoy día está considerada como uno de los centros más reverenciados de la Francmasonería.

La Cueva de Sedecías -también llamada "canteras de Salomón"- es la cueva artificial más grande de Israel. Existen bastantes depósitos subterráneos en Jerusalén, pero éste es mucho mayor que cualquier otra cavidad subterránea conocida. Su entrada no está lejos de la Puerta de Damasco, y se extiende por debajo del Barrio Musulmán, continuando por la Vía Dolorosa, ya en el Barrio Cristiano, justo al norte del Monte del Templo. La boca de la cueva está situada sobre un peñasco rocoso que sirve de soporte a la muralla de la Ciudad Vieja.

A día de hoy la cueva es grande, pero en el pasado lo fue mucho más, pues se prolongaba más allá de las murallas hasta llegar a la zona de la Tumba del Jardín. La caverna, una cantera subterránea de piedra caliza de 20.000 metros cuadrados, se extiende unos 200 metros desde su entrada. Mide aproximadamente 100 metros de ancho, con una profundidad de más de 9 metros por debajo del nivel de la calle. Aunque se piensa que la cueva fue excavada a lo largo de varios miles de años, nadie conoce con exactitud su antigüedad.

 Portada-Cueva de Sedecías, Jerusalén, Israel.jpgCueva de Sedecías es su nombre hebreo, mientras que Canteras del rey Salomón es su nombre en inglés, y Cueva de los Reyes es el nombre con el que la conocen los árabes. Flavio Josefo, en su libro Guerras de los Judíos (contra los romanos), utiliza la expresión “Cavernas Reales” para referirse a la cueva. El nombre tiene su origen en el Melekeh, o caliza “Real” que se extraía de su interior. Es por esto que la cueva, más adelante, acabó siendo conocida como “Canteras del Rey Salomón".

La Cueva de Sedecías es la más importante de todas las antiguas canteras de Jerusalén, y su importancia estriba en el hecho de que los estratos principales de la cantera son de piedra “Melekeh”. Recién extraída, la piedra Melekeh es de un color blanco reluciente. Al ser expuesta al sol se vuelve grisácea (como ocurre con el mármol italiano) adquiriendo además una dureza extraordinaria, que aumenta aún más con el paso del tiempo. Muchos monumentos de Jerusalén han sido construidos empleando este tipo de caliza, siendo el más famoso de todos ellos el Monte del Templo.

Suleimán el Magnífico (1494–1566), fue un sultán Otomano que explotó la cantera, acabando por sellarla alrededor del 1540 por razones de seguridad. Durante la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, la Cueva de Sedecías fue bloqueada con grandes piedras, para que no se convirtiera en un punto débil en la línea de fortificaciones de la ciudad.

El último uso documentado conocido de la cueva como cantera está relacionado con la construcción de la torre del reloj junto a la Puerta de Jaffa. Esto ocurrió a principios del siglo XX, cuando los turcos levantaron varias torres con reloj por todo Israel, siendo una de ellas construida en la entrada principal de Jerusalén en 1908. Las piedras que forman parte de esta torre fueron extraídas de la Cueva de Sedecías, y esta fue la última vez que fue utilizada como cantera. La torre fue demolida por el Mandato Británico en los años 20. También durante el Mandato Británico, se extrajeron piedras de la Cueva de Sedecías que fueron enviadas a diversos países para servir de piedra angular para las nuevas Logias Masónicas que se estaban erigiendo en aquellos años.

Bryan Hill

sábado, 13 de mayo de 2017

Los muros de Jericó

Resultado de imagen de muros de jericó arqueologíaSegún la Biblia, la conquista de Jericó ocurrió alrededor de 1440 d.C. La naturaleza milagrosa de la conquista ha hecho que algunos estudiosos descarten la historia como algo folclórico. ¿Apoya la arqueología el relato bíblico? 

Durante el último siglo, cuatro arqueólogos destacados han excavado en el sitio: Carl Watzinger (1907-1909), John Garstang (fines de la década de 1930), Kathleen Kenyon (1952-1958) y, actualmente, Bryant Wood. El resultado de estos trabajos ha sido notable.

Primero, descubrieron que Jericó tenía un sistema de fortificaciones impresionante. Un muro de retención de cinco metros de altura rodeaba la ciudad. Encima del muro, había un muro de ladrillos de unos dos metros y medio, fortalecido por detrás por un murallón de tierra. Se encontraron estructuras domésticas detrás de este primer muro. Otro muro de ladrillos circundaba el resto de la ciudad. Las estructuras domésticas que se encontraron entre ambos muros son consistentes con la descripción del alojamiento de Rahab en Josué 2:15. Los arqueólogos también encontraron que, en una parte de la ciudad, había grandes pilas de ladrillos en la base tanto del muro interno como del interno, lo que indicaba un desmoronamiento repentino de las fortificaciones. Los eruditos piensan que un terremoto, que podría explicar también la detención del flujo del Jordán en el relato bíblico, causó este colapso. Los ladrillos del desmoronamiento formaban una rampa mediante la cual un invasor podría entrar fácilmente en la ciudad (Josué 6:20).

Con relación a este sorprendente descubrimiento, Garstang dice: "En cuanto al hecho principal, entonces, no queda ninguna duda: los muros cayeron hacia fuera tan completamente que los atacantes podrían haberse trepado sobre las ruinas de la ciudad".{6} Esto es notable, porque cuando son atacadas las ciudades, los muros caen hacia adentro, y no hacia fuera.

Imagen relacionadaUna espesa capa de hollín indica que la ciudad fue destruida por fuego, según se describe en Josué 6:24. Kenyon lo describe de esta forma: "La destrucción fue completa. Los muros y pisos quedaron ennegrecidos o enrojecidos por el fuego, y cada habitación estaba llena de ladrillos caídos".{7} Los arqueólogos también descubrieron grandes cantidades de trigo en el sitio. Esto, nuevamente, es consistente con el relato bíblico de que la ciudad fue capturada rápidamente. Si hubiera caído como resultado de un sitio, el trigo hubiera sido usado. Según Josué 6:17, a los israelitas se les prohibió saquear la ciudad; tenían que destruirla por completo.

Si bien los arqueólogos estaban de acuerdo en que Jericó fue destruida violentamente, no concordaban con la fecha de la conquista. Garstang sostenía la fecha bíblica de 1400 a.C., mientras Watzinger y Kenyon creían que la destrucción ocurrió en 1550 a.C. En otras palabras, si la última fecha es correcta, Josué llegó a una Jericó que había sido destruida previamente. Esta fecha más temprana plantearía un serio desafío a la historicidad del Antiguo Testamento.

El Dr. Bryant Wood, que está excavando en el sitio actualmente, encontró que la fecha más temprana de Kenyon estaba basada en suposiciones erróneas sobre la alfarería que se encontró en el sitio. Su fecha más tardía también está basada en el descubrimiento de amuletos egipcios en las tumbas al noroeste de Jerció. En estos amuletos estaban inscritos los nombres de faraones egipcios entre 1500 y 1386 d.C., mostrando que el cementerio estaba en uso hasta fines de la Era de Bronce (1550-1400 a.C.). Finalmente, una pieza de carbón fue encontrado en los restos que fue fechada en 1410 a.C. La evidencia lleva a Watson a esta conclusión: "La alfarería, las consideraciones estratigráficas, los datos de escarabajos y carbono 14 apuntan todos a la destrucción de la ciudad cerca del final de la Edad de Bronce, alrededor de 1400 a.C."{8}

Por lo tanto, la evidencia arqueológica actual apoya el relato bíblico sobre cuándo y cómo cayó Jericó.

Pat Zukeran

sábado, 6 de mayo de 2017

Conservación e integridad de la Bíblia

Resultado de imagen de una bíblia antiguaA pesar de las objeciones de algunos críticos, existen pruebas que avalan la afirmación de que gran parte de la Biblia se ha conservado sin cambios importantes hasta nuestros días.

Quienes no están de acuerdo con estas afirmaciones apelan a circunstancias tales como traducciones de un idioma a otro, copiado de manuscritos, opiniones divergentes en dogmas y/o destrucción deliberada, y el hecho de que la Biblia no nos ha llegado como un volumen completo. 

Hallazgos tales como los manuscritos del Mar Muerto han mostrado que, en gran parte, esto sucedió antes del Siglo I de nuestra era, aunque los textos encontrados allí y los conocidos hasta entonces, parecen presentar cambios menores.

Ha habido otros textos relevantes relacionados con la Biblia original, los escritos apócrifos hallados en Egipto (Nag Hammadi) y en Cisjordania (Qumrán, cerca del Mar Muerto), e incluso en países muy lejanos hacia el Sur y el Oriente. Estos han supuesto una nueva interrogante acerca de si ya estaría completo el canon bíblico, o habría que revisarlo de forma detallada.

Los defensores de la idea de que las escrituras bíblicas son fieles y están completas, se basan en la cantidad de copias idénticas que, desde tiempos remotos, se ha realizado de las mismas. Los copistas hebreos de las Escrituras fueron muy instruidos, los masoretas, que copiaron las Escrituras Hebreas entre los siglos VI y X, solían contar las letras para evitar errores. El erudito en la materia W. H. Green dice sobre las comparaciones entre textos antiguos y modernos ninguna otra obra de la antigüedad se ha transmitido con tanta exactitud.

Agustín Fabra