sábado, 20 de mayo de 2017

La cueva de Sedecías: la gruta secreta de Jerusalén

Durante más de 300 años, la Cueva de Sedecías fue considerada tan sólo una leyenda, una más de las muchas historias nacidas en Jerusalén. Sin embargo, esto cambió un día de invierno de 1854, en el que el misionero norteamericano James Turner Barclay paseaba a su perro junto a su hijo por las afueras de la ciudad. De repente, el perro, en su afán de seguir el rastro de un zorro, se puso a escarbar junto a la muralla de la Ciudad Vieja y desapareció por una abertura en la tierra. Barclay llamó al animal, silbándole, pero no obtuvo respuesta alguna. Su hijo siguió buscando al pie de la pared de roca, y encontró por casualidad un profunda oquedad creada por el flujo del agua de las recientes lluvias. Al asomarse, oyó los ladridos de su perro surgiendo de las profundidades de la tierra. Al día siguiente, Barclay y su hijo regresaron al lugar y se deslizaron por la abertura descubriendo una vieja cueva artificial olvidada con el paso del tiempo. La cueva, que se remontaba a miles de años atrás, había sido utilizada originalmente como cantera. Hoy día está considerada como uno de los centros más reverenciados de la Francmasonería.

La Cueva de Sedecías -también llamada "canteras de Salomón"- es la cueva artificial más grande de Israel. Existen bastantes depósitos subterráneos en Jerusalén, pero éste es mucho mayor que cualquier otra cavidad subterránea conocida. Su entrada no está lejos de la Puerta de Damasco, y se extiende por debajo del Barrio Musulmán, continuando por la Vía Dolorosa, ya en el Barrio Cristiano, justo al norte del Monte del Templo. La boca de la cueva está situada sobre un peñasco rocoso que sirve de soporte a la muralla de la Ciudad Vieja.

A día de hoy la cueva es grande, pero en el pasado lo fue mucho más, pues se prolongaba más allá de las murallas hasta llegar a la zona de la Tumba del Jardín. La caverna, una cantera subterránea de piedra caliza de 20.000 metros cuadrados, se extiende unos 200 metros desde su entrada. Mide aproximadamente 100 metros de ancho, con una profundidad de más de 9 metros por debajo del nivel de la calle. Aunque se piensa que la cueva fue excavada a lo largo de varios miles de años, nadie conoce con exactitud su antigüedad.

 Portada-Cueva de Sedecías, Jerusalén, Israel.jpgCueva de Sedecías es su nombre hebreo, mientras que Canteras del rey Salomón es su nombre en inglés, y Cueva de los Reyes es el nombre con el que la conocen los árabes. Flavio Josefo, en su libro Guerras de los Judíos (contra los romanos), utiliza la expresión “Cavernas Reales” para referirse a la cueva. El nombre tiene su origen en el Melekeh, o caliza “Real” que se extraía de su interior. Es por esto que la cueva, más adelante, acabó siendo conocida como “Canteras del Rey Salomón".

La Cueva de Sedecías es la más importante de todas las antiguas canteras de Jerusalén, y su importancia estriba en el hecho de que los estratos principales de la cantera son de piedra “Melekeh”. Recién extraída, la piedra Melekeh es de un color blanco reluciente. Al ser expuesta al sol se vuelve grisácea (como ocurre con el mármol italiano) adquiriendo además una dureza extraordinaria, que aumenta aún más con el paso del tiempo. Muchos monumentos de Jerusalén han sido construidos empleando este tipo de caliza, siendo el más famoso de todos ellos el Monte del Templo.

Suleimán el Magnífico (1494–1566), fue un sultán Otomano que explotó la cantera, acabando por sellarla alrededor del 1540 por razones de seguridad. Durante la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, la Cueva de Sedecías fue bloqueada con grandes piedras, para que no se convirtiera en un punto débil en la línea de fortificaciones de la ciudad.

El último uso documentado conocido de la cueva como cantera está relacionado con la construcción de la torre del reloj junto a la Puerta de Jaffa. Esto ocurrió a principios del siglo XX, cuando los turcos levantaron varias torres con reloj por todo Israel, siendo una de ellas construida en la entrada principal de Jerusalén en 1908. Las piedras que forman parte de esta torre fueron extraídas de la Cueva de Sedecías, y esta fue la última vez que fue utilizada como cantera. La torre fue demolida por el Mandato Británico en los años 20. También durante el Mandato Británico, se extrajeron piedras de la Cueva de Sedecías que fueron enviadas a diversos países para servir de piedra angular para las nuevas Logias Masónicas que se estaban erigiendo en aquellos años.

Bryan Hill

sábado, 13 de mayo de 2017

Los muros de Jericó

Resultado de imagen de muros de jericó arqueologíaSegún la Biblia, la conquista de Jericó ocurrió alrededor de 1440 d.C. La naturaleza milagrosa de la conquista ha hecho que algunos estudiosos descarten la historia como algo folclórico. ¿Apoya la arqueología el relato bíblico? 

Durante el último siglo, cuatro arqueólogos destacados han excavado en el sitio: Carl Watzinger (1907-1909), John Garstang (fines de la década de 1930), Kathleen Kenyon (1952-1958) y, actualmente, Bryant Wood. El resultado de estos trabajos ha sido notable.

Primero, descubrieron que Jericó tenía un sistema de fortificaciones impresionante. Un muro de retención de cinco metros de altura rodeaba la ciudad. Encima del muro, había un muro de ladrillos de unos dos metros y medio, fortalecido por detrás por un murallón de tierra. Se encontraron estructuras domésticas detrás de este primer muro. Otro muro de ladrillos circundaba el resto de la ciudad. Las estructuras domésticas que se encontraron entre ambos muros son consistentes con la descripción del alojamiento de Rahab en Josué 2:15. Los arqueólogos también encontraron que, en una parte de la ciudad, había grandes pilas de ladrillos en la base tanto del muro interno como del interno, lo que indicaba un desmoronamiento repentino de las fortificaciones. Los eruditos piensan que un terremoto, que podría explicar también la detención del flujo del Jordán en el relato bíblico, causó este colapso. Los ladrillos del desmoronamiento formaban una rampa mediante la cual un invasor podría entrar fácilmente en la ciudad (Josué 6:20).

Con relación a este sorprendente descubrimiento, Garstang dice: "En cuanto al hecho principal, entonces, no queda ninguna duda: los muros cayeron hacia fuera tan completamente que los atacantes podrían haberse trepado sobre las ruinas de la ciudad".{6} Esto es notable, porque cuando son atacadas las ciudades, los muros caen hacia adentro, y no hacia fuera.

Imagen relacionadaUna espesa capa de hollín indica que la ciudad fue destruida por fuego, según se describe en Josué 6:24. Kenyon lo describe de esta forma: "La destrucción fue completa. Los muros y pisos quedaron ennegrecidos o enrojecidos por el fuego, y cada habitación estaba llena de ladrillos caídos".{7} Los arqueólogos también descubrieron grandes cantidades de trigo en el sitio. Esto, nuevamente, es consistente con el relato bíblico de que la ciudad fue capturada rápidamente. Si hubiera caído como resultado de un sitio, el trigo hubiera sido usado. Según Josué 6:17, a los israelitas se les prohibió saquear la ciudad; tenían que destruirla por completo.

Si bien los arqueólogos estaban de acuerdo en que Jericó fue destruida violentamente, no concordaban con la fecha de la conquista. Garstang sostenía la fecha bíblica de 1400 a.C., mientras Watzinger y Kenyon creían que la destrucción ocurrió en 1550 a.C. En otras palabras, si la última fecha es correcta, Josué llegó a una Jericó que había sido destruida previamente. Esta fecha más temprana plantearía un serio desafío a la historicidad del Antiguo Testamento.

El Dr. Bryant Wood, que está excavando en el sitio actualmente, encontró que la fecha más temprana de Kenyon estaba basada en suposiciones erróneas sobre la alfarería que se encontró en el sitio. Su fecha más tardía también está basada en el descubrimiento de amuletos egipcios en las tumbas al noroeste de Jerció. En estos amuletos estaban inscritos los nombres de faraones egipcios entre 1500 y 1386 d.C., mostrando que el cementerio estaba en uso hasta fines de la Era de Bronce (1550-1400 a.C.). Finalmente, una pieza de carbón fue encontrado en los restos que fue fechada en 1410 a.C. La evidencia lleva a Watson a esta conclusión: "La alfarería, las consideraciones estratigráficas, los datos de escarabajos y carbono 14 apuntan todos a la destrucción de la ciudad cerca del final de la Edad de Bronce, alrededor de 1400 a.C."{8}

Por lo tanto, la evidencia arqueológica actual apoya el relato bíblico sobre cuándo y cómo cayó Jericó.

Pat Zukeran

sábado, 6 de mayo de 2017

Conservación e integridad de la Bíblia

Resultado de imagen de una bíblia antiguaA pesar de las objeciones de algunos críticos, existen pruebas que avalan la afirmación de que gran parte de la Biblia se ha conservado sin cambios importantes hasta nuestros días.

Quienes no están de acuerdo con estas afirmaciones apelan a circunstancias tales como traducciones de un idioma a otro, copiado de manuscritos, opiniones divergentes en dogmas y/o destrucción deliberada, y el hecho de que la Biblia no nos ha llegado como un volumen completo. 

Hallazgos tales como los manuscritos del Mar Muerto han mostrado que, en gran parte, esto sucedió antes del Siglo I de nuestra era, aunque los textos encontrados allí y los conocidos hasta entonces, parecen presentar cambios menores.

Ha habido otros textos relevantes relacionados con la Biblia original, los escritos apócrifos hallados en Egipto (Nag Hammadi) y en Cisjordania (Qumrán, cerca del Mar Muerto), e incluso en países muy lejanos hacia el Sur y el Oriente. Estos han supuesto una nueva interrogante acerca de si ya estaría completo el canon bíblico, o habría que revisarlo de forma detallada.

Los defensores de la idea de que las escrituras bíblicas son fieles y están completas, se basan en la cantidad de copias idénticas que, desde tiempos remotos, se ha realizado de las mismas. Los copistas hebreos de las Escrituras fueron muy instruidos, los masoretas, que copiaron las Escrituras Hebreas entre los siglos VI y X, solían contar las letras para evitar errores. El erudito en la materia W. H. Green dice sobre las comparaciones entre textos antiguos y modernos ninguna otra obra de la antigüedad se ha transmitido con tanta exactitud.

Agustín Fabra